sábado, 8 de abril de 2017

DECIMA HORA de la Pasión de Ntro. Señor Jesucristo

LAS HORAS DE LA PASIÓN DE N. S. JESUCRISTO

PREPARACIÓN PARA ANTES DE LA MEDITACIÓN:
Oh Señor mío Jesucristo, postrada ante tu divina presencia suplico a tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en tu cuerpo adorable como en tu alma santísima, hasta la muerte de Cruz. Ah, dame tu ayuda, gracia, amor profunda compasión y entendimiento de tus padecimientos mientras medito ahora la Hora... y por las que no puedo meditar, te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligada a dedicarme a mis deberes o a dormir. Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si, en efecto, hiciera santamente todo lo que deseo practicar.

Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo tus pensamientos, tu lengua, tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en tu corazón empiezo...

DE LAS 2 A LAS 3 DE LA MAÑANA, DÉCIMA HORA
Jesús es presentado a Anás

Jesús sea siempre conmigo. Mamá dulcísima, sigamos juntas a Jesús. Jesús mío, centinela divino. Tú, que en el corazón me velas, y no queriendo continuar solo, sin mí, me despiertas y me haces hallar contigo en casa de Anás... Ya te encuentras en ese momento en que Anás te interroga sobre tu doctrina y sobre tus discípulos; y Tú, oh Jesús, para defender la gloria del Padre, abres tu sacratísima boca y con voz sonora y llena de dignidad respondes: Yo he hablado en público, y todos los que aquí están me han escuchado. A estas dignas palabras tuyas, todos se sienten temblar; pero es tanta la perfidia, que un siervo, queriendo honrar a Anás, se acerca a ti y con guante de hierro te da una bofetada, tan fuerte que te hace tambalear, mientras se hace lívido tu rostro santísimo.

Ahora comprendo, dulce Vida mía, por qué me has despertado. Tenías razón: Quién había de sostenerte en este momento en que estás por caer? Tus enemigos rompen en risotadas satánicas, en silbidos y en palmadas, aplaudiendo un acto tan injusto, mientras que Tú, tambaleándote, no tienes en quien apoyarte. Jesús mío, te abrazo; más aún, quiero hacerte un apoyo con mi ser; te ofrezco mi mejilla con ánimo y preparada a soportar cualquier pena por tu amor. Te compadezco por este ultraje, y unida a ti te reparo por las timideces de tantas almas que fácilmente se desaniman, por aquellos que por temor no dicen la verdad, por las faltas de respeto debido a los sacerdotes y por las murmuraciones. Pero veo, afligido Jesús mío, que Anás te envía a Caifás. Tus enemigos te precipitan por la escalinata; y tú, Amor mío, en esta dolorosa caída reparas por aquellos que de noche caen en la culpa, aprovechando la oscuridad; y llamas a los herejes y a los infieles a la luz de la fe. También yo quiero seguirte en esas reparaciones, y mientras llegas ante Caifás te envío mis suspiros para defenderte de tus enemigos. Y tú, sigue haciéndome de centinela mientras duermo y despiértame cuando tengas necesidad. Así pues, dame un beso y bendíceme, y yo beso tu corazón y en él continúo mi sueño.

✝✝✝

OFRECIMIENTO DESPUÉS DE CADA HORA: 
Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente, que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: "Gracias" y "Te Bendigo". Sí, oh Jesús, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos... Gracias y Te bendigo por cada gota de sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un "Gracias" y un "Te Bendigo". Ah, Jesús, haz que todo mi ser te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de tus bendiciones y de tus gracias... Ah, Jesús, estréchame a tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un "Te Bendigo" tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti.

Dulce Amor mío, debiendo a tender a mis ocupaciones, me quedo en tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo. Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a tu Corazón, que tus ojos me miren y lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión contigo. Oh Jesús mío!, mantenme en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer...

NOVENA HORA de la Pasión de Ntro. Señor Jesucristo

LAS HORAS DE LA PASIÓN DE N. S. JESUCRISTO

PREPARACIÓN PARA ANTES DE LA MEDITACIÓN:
Oh Señor mío Jesucristo, postrada ante tu divina presencia suplico a tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en tu cuerpo adorable como en tu alma santísima, hasta la muerte de Cruz. Ah, dame tu ayuda, gracia, amor profunda compasión y entendimiento de tus padecimientos mientras medito ahora la Hora... y por las que no puedo meditar, te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligada a dedicarme a mis deberes o a dormir. Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si, en efecto, hiciera santamente todo lo que deseo practicar.

Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo tus pensamientos, tu lengua, tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en tu corazón empiezo...

DE LA 1 A LAS 2 DE LA MAÑANA, NOVENA HORA
Jesús, atado, es hecho caer en el torrente Cedrón

Amado Bien mío, mi pobre mente te sigue entre la vigilia y el sueño. Cómo puedo abandonarme del todo al sueño si veo que todos te dejan y huyen de ti? Los mismos Apóstoles, el ferviente Pedro, que hace poco dijo que quería dar su vida por ti..., el discípulo predilecto que con tanto amor has hecho reposar sobre tu Corazón, ah, todos te abandonan y te dejan a merced de tus crueles enemigos... Jesús mío, estás solo, y tus purísimos ojos miran a tu alrededor para ver si alguno de aquellos a quienes has hecho tanto bien, te sigue para testimoniarte su amor y para defenderte,,,y al descubrir que ninguno, ninguno ha quedado fiel, el corazón se te oprime y rompes en amargo llanto, pues sientes aún mas el dolor por el abandono de tus más fieles amigos que por lo que están haciéndote tus mismos enemigos. No llores, Jesús mío, o haz que yo llore contigo... 

Y mi amable Jesús parece que me dice: Ah hija mía, lloremos juntos la suerte de tantas almas consagradas a Mí y que por pequeñas pruebas o por incidentes de la vida no se ocupan de Mí y me dejan solo. Lloremos juntos por tantas otras almas tímidas y cobardes que por falta de valor y de confianza me abandonan; por tantos Sacerdotes que al no hallar su propio gusto en las cosas santas, en la administración de los Sacramentos, no se ocupan de Mí..; por otros que predican, que celebran la Santa Misa o que confiesan por amor al interés y a su propia gloria, y mientras parece que están a mi alrededor, siempre me dejan solo...ah hija mía. Qué duro es para Mí este abandono! No sólo me lloran los ojos sino que me sangra el Corazón. 

Ah, te ruego que mitigues mi acerbo dolor prometiéndome que no me dejarás nunca más solo. Sí, oh mi Jesús, te lo prometo, ayudada por tu gracia y en la firmeza de tu Voluntad Divina! Pero mientras lloras por el abandono de los tuyos, tus enemigos no olvidan ningún ultraje que puedan hacerte. Oprimido y atado como estás, oh Bien mío, tanto que no puedes por ti mismo dar un paso, te pisotean, te arrastran por esas calles llenas de piedras y de espinas; no hay movimiento que te hagan hacer en el que no te hagan tropezar en las piedras y herirte con las espinas...ah Jesús mío, veo que mientras te maltratan, vas dejando tras de ti tu Sangre preciosa y los rubios cabellos que te arrancan de la cabeza... 

Vida mía y todo mío, permíteme que los recoja, a fin de poder atar todos los pasos de las criaturas, que ni aún de noche dejan de herirte; al contrario, se aprovechan de la noche para herirte aún más, unos con sus encuentros, otros con placeres, con teatros y diversiones, otros se sirven de la noche hasta para llevar a cabo robos sacrílegos...jesús mío, me uno a ti para reparar por todas estas ofensas que se hacen en la noche... Mas, oh Jesús, ya estamos en el torrente Cedrón, y los pérfidos judíos te empujan a él, y al empujarte te hacen que te golpee contra las piedras que hay ahí, y con tanta fuerza que de tu boca derramas tu preciosísima Sangre, con la cual dejas selladas aquellas piedras...después, tirando de ti, te arrastran bajo aquellas aguas negras, a las que te entran por los oídos, en la nariz y en la boca...oh amor incomparable, quedas todo bañado y como cubierto por un manto por aquellas aguas negras, nauseantes y frías. Y en ese estado representas a lo vivo el estado deplorable de las criaturas cuando cometen el pecado. 

Oh, cómo quedan cubiertas por dentro y por fuera con un manto de inmundicia que da asco al Cielo y a cualquiera que pudiese verlas, de modo que atraen sobre ellas los rayos de la Divina Justicia! Oh vida de mi vida, puede haber amor más grande? Para despojarnos de este manto de inmundicia permites que tus enemigos te hagan caer en ese torrente, y para reparar por los sacrilegios y las frialdades de las almas que te reciben sacrílegamente y que te obligan a que entres en sus corazones, peores que el torrente, y que sientas toda la náusea de sus almas, permites que esas aguas penetren hasta en tus entrañas, tanto que tus enemigos, temiendo que te ahogues, y queriendo reservarte para mayores tormentos, te sacan fuera...pero causas tanta repugnancia que ellos mismos sienten asco de tocarte. Mansísimo Jesús mío, ya estás fuera del torrente, y mi corazón no resiste al verte tan empapado por esta agua repugnantes. Veo que por el frío tiemblas de pies a cabeza; miras a tu alrededor buscando con los ojos, lo que no haces con la voz, uno al menos que te seque, que te limpie y te caliente..., pero en vano; no hay nadie que se mueva a compasión por ti; los tuyos te han abandonado, y la dulce Mamá está lejos porque así lo dispone el Padre... Pero aquí me tienes, Jesús, ven a mis brazos. Quiero llorar hasta formarte un baño para limpiarte y lavarte, y con mis manos reordenarte los desordenados cabellos... Amor mío, quiero encerrarte en mi corazón para calentarte con el calor de mis afectos; quiero perfumarte con mis deseos insistentes; quiero reparar estas ofensas y empeñar mi vida junto con la tuya para lavar a todas las almas; quiero ofrecerte mi corazón como lugar de reposo, para poderte reconfortar en algún forma por las penas que has sufrido hasta aquí...después continuaremos de nuevo el camino de tu Pasión. 

✝✝✝

OFRECIMIENTO DESPUÉS DE CADA HORA: 
Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente, que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: "Gracias" y "Te Bendigo". Sí, oh Jesús, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos... Gracias y Te bendigo por cada gota de sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un "Gracias" y un "Te Bendigo". Ah, Jesús, haz que todo mi ser te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de tus bendiciones y de tus gracias... Ah, Jesús, estréchame a tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un "Te Bendigo" tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti.

Dulce Amor mío, debiendo a tender a mis ocupaciones, me quedo en tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo. Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a tu Corazón, que tus ojos me miren y lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión contigo. Oh Jesús mío!, mantenme en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer...

jueves, 6 de abril de 2017

OCTAVA HORA de la Pasión de Ntro. Señor Jesucristo

LAS HORAS DE LA PASIÓN DE N. S. JESUCRISTO

PREPARACIÓN PARA ANTES DE LA MEDITACIÓN:
Oh Señor mío Jesucristo, postrada ante tu divina presencia suplico a tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en tu cuerpo adorable como en tu alma santísima, hasta la muerte de Cruz. Ah, dame tu ayuda, gracia, amor profunda compasión y entendimiento de tus padecimientos mientras medito ahora la Hora... y por las que no puedo meditar, te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligada a dedicarme a mis deberes o a dormir. Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si, en efecto, hiciera santamente todo lo que deseo practicar.

Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo tus pensamientos, tu lengua, tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en tu corazón empiezo...

DE LAS 12 DE LA NOCHE, A LA 1 DE LA MAÑANA, OCTAVA HORA
La captura de Jesús

Oh Jesús mío, es ya medianoche. Ya oyes que se aproximan los enemigos. Te veo ahora limpiándote y enjugándote la sangre y reanimado por los consuelos recibidos. Veo nuevamente a tus Apóstoles, a quienes llamas y los amonestas y te los llevas contigo, y sales al encuentro de tus enemigos, queriendo con esto reparar con tu prontitud mi lentitud, mi desgana y mi pereza en obrar y en sufrir por tu amor. Más, oh Jesús mío qué escena tan estrujante veo: Al primero que encuentras es al pérfido Judas, el cual, acercándose a ti y poniendo un brazo a tu hombro te saluda y te besa; y Tú, Amor entrañabilísimo, no desdeñas el beso de esos labios infernales; abrazas a Judas y lo estrechas a tu Corazón queriendo arrancarlo del infierno, dándole muestra de nuevo amor... Jesús mío, cómo es posible no amarte? La ternura de tu amor es tanta que debiera arrebatar a cada corazón a amarte, y sin embargo, no te aman. Más, oh Jesús mío, en este beso de Judas Tú reparas las traiciones, los fingimientos, los engaños bajo aspecto de amistad y de santidad, y sobre todo en los sacerdotes. Tu beso, además, declara que a ningún pecador, con tal que venga a ti humillado y arrepentido, rehúsas perdonarlo. Ternísimo Jesús mío, ya que te entregas a merced de tus enemigos, dándoles el poder de hacerte sufrir todo lo que quieran, yo también Jesús mío, me entrego a tus manos, para que libremente puedas hacer de mí lo que más te agrade. Y junto contigo quiero seguir tu Voluntad, tus reparaciones y sufrir tus penas. Quiero estar siempre en torno a ti para hacer que no haya ofensa que no te repare, amargura que no endulce, salivazos y bofetadas que recibas que no vayan seguidas por un beso y una caricia mía...en tus caídas estarán siempre dispuestas mis manos ayudarte para levantarte. De manera que, oh Jesús, siempre quiero estar contigo, ni un solo minuto quiero dejarte solo; y para estar más segura, introdúceme dentro de ti, y así yo estaré en tu mente, en tus miradas, en tu Corazón y en todo tu Ser para hacer que lo que Tú haces pueda hacerlo también yo; así podré hacerte fiel compañía y no pasar por alto ninguna de tus penas, y podré darte por todo mi correspondencia de amor. Dulce Bien mío, a tu lado estaré para defenderte, para aprender tus enseñanzas y para numerar una por una todas tus palabras... Ah, cómo me descienden dulces en mi corazón las palabras que dirigiste a Judas: Amigo, a qué has venido?. 

Me parece que a mí también me diriges las mismas palabras, no llamándome amiga, sino con el dulce nombre de Hija... Hija, a qué has venido? Y yo te respondo: Jesús, a amarte!... A qué has venido? me dices si hago oración; A qué has venido? me repites desde la Hostia Santa, o si trabajo, o si tomo alimento, o si sufro, o si duermo... Qué hermoso reclamo para mí y para todas las almas Pero cuántos, a tu pregunta A qué has venido? responden: Vengo a ofenderte!; otros, fingiendo no escucharte se entregan a toda clase de pecados, y a tu pregunta A qué has venido? responden con irse al infierno... Cuánto te compadezco, oh Jesús! Quisiera tomar esas mismas sogas con que van a atarte tus enemigos, para atar a estas almas y evitarte este dolor. Y de nuevo oigo tu voz ternísima que ahora dice, mientras sales al encuentro de tus enemigos: A quién buscáis? y ellos responden: A Jesús Nazareno. Y Tú les dices: YO SOY, los vuelves a llamar a la vida, y por ti mismo te entregas en manos de tus enemigos. Y ellos, pérfidos e ingratos, en vez de quedar humildemente postrados a tus pies y pedirte perdón, abusando de tu bondad y despreciando gracias y prodigios te ponen las manos encima y con sogas y cadenas te atan, te inmovilizan te hacen caer por tierra, te pisotean, bajo sus pies, te arrancan los cabellos, y Tú con paciencia inaudita callas, sufres y reparas las ofensas de los que, a pesar de los milagros, no se rinden, sino que además cada vez más se obstinan...con tus sogas y cadenas suplicas que sean rotas las cadenas de nuestras culpas, y nos atas con las dulces cadenas de tu amor. Y a San Pedro, que quiere defenderte, y llega hasta a cortar una oreja a Malco, lo corriges amorosamente, y quieres reparar con esto las obras buenas que no son hechas con santa prudencia, y que por excesivo celo caen en la culpa. 


Pacientísimo Jesús mío, estas cuerdas y cadenas parecen añadir algo de más hermoso a tu persona. Tu frente se hace más majestuosa, tanto que atrae la atención de tus mismos enemigos; tus ojos resplandecen con más luz; tu rostro divino manifiesta una suprema paz y dulzura, capaz de enamorar a tus mismos verdugos; con tus modos suaves y penetrantes los haces temblar, tanto que si se atreven a ofenderte es porque Tú mismo así lo consientes... Oh Amor encadenado y atado. Es que vas a permitir que estando Tú atado por mí, para probar más que me amas, yo, que soy tu pequeña hija, esté sin cadenas? No, no! Con tus manos santísimas átame con tus mismas sogas y cadenas. Te ruego que ates, mientras beso tu frente divina, todos mis pensamientos, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, mis afectos y todo mi ser, y que ates juntamente a todas las criaturas, para que sintiendo las dulzuras de tus amorosas cadenas, no se atrevan a ofenderte más. Ah, dulce Bien mío, ya es la una de la madrugada y la mente está cargada de sueño; voy a hacer lo más que pueda por mantenerme despierta, pero si el sueño me sorprende, me quedo en Ti para seguir lo que haces Tú; es mas, Tú mismo lo harás por mí en ti, Jesús mío, dejo mis pensamientos para defenderte de tus enemigos, mi respiración para hacerte compañía, mis latido para que te digan siempre que te amo y para darte el amor que no te dan los demás, y las gotas de mi sangre para repararte y para restituirte los honores y la estima que te quitarán con los insultos, salivazos y bofetadas. Jesús mío, bendíceme; y si Tú quieres que duerma, hazme dormir en tu adorable Corazón, para que por tus latidos, acelerados por el amor o por el dolor, pueda ser yo despertada frecuentemente y así no quede interrumpida nunca nuestra compañía...

✝✝✝

OFRECIMIENTO DESPUÉS DE CADA HORA: 
Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente, que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: "Gracias" y "Te Bendigo". Sí, oh Jesús, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos... Gracias y Te bendigo por cada gota de sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un "Gracias" y un "Te Bendigo". Ah, Jesús, haz que todo mi ser te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de tus bendiciones y de tus gracias... Ah, Jesús, estréchame a tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un "Te Bendigo" tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti.

Dulce Amor mío, debiendo a tender a mis ocupaciones, me quedo en tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo. Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a tu Corazón, que tus ojos me miren y lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión contigo. Oh Jesús mío!, mantenme en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer...

miércoles, 5 de abril de 2017

SEPTIMA HORA de la Pasión de Ntro. Señor Jesucristo

LAS HORAS DE LA PASIÓN DE N. S. JESUCRISTO

PREPARACIÓN PARA ANTES DE LA MEDITACIÓN:
Oh Señor mío Jesucristo, postrada ante tu divina presencia suplico a tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en tu cuerpo adorable como en tu alma santísima, hasta la muerte de Cruz. Ah, dame tu ayuda, gracia, amor profunda compasión y entendimiento de tus padecimientos mientras medito ahora la Hora... y por las que no puedo meditar, te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligada a dedicarme a mis deberes o a dormir. Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si, en efecto, hiciera santamente todo lo que deseo practicar.

Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo tus pensamientos, tu lengua, tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en tu corazón empiezo...

DE LAS 11 A LAS 12 DE LA NOCHE, SEPTIMA HORA
Tercera hora de agonía en el Huerto de Getsemaní

Dulce bien mío, mi corazón no resiste...te miro y veo que sigues agonizando; la sangre como en arroyos te chorrea de todo el cuerpo y con tanta abundancia que no sosteniéndote de pie, has caído en un lago. Oh amor mío, se me rompe el corazón viéndote tan débil y agotado! Tu rostro adorable y tus manos creadoras se apoyan en la tierra y se llenan de Sangre...; me parece que a los ríos de iniquidad que te mandan las criaturas, quieras Tú dar ríos de sangre para hacer que todas las culpas queden en éstos ahogadas, y dar así con tu Sangre a cada uno el perdón. Más, oh Jesús mío, reanímate, ya es demasiado lo que sufres; baste ya hasta aquí a tu amor! Y mientras parece que mi amable Jesús muere en su propia sangre, el amor le da de nuevo vida. Lo veo moverse penosamente, se pone de pie y así, cubierto de sangre y fango, parece que quiere caminar, pero no teniendo fuerzas, fatigosamente se arrastra...dulce vida mía, déjame que te lleve entre mis brazos... Es que vas, acaso, a tus amados discípulos? Pero cuánto es el dolor de tu adorable corazón al encontrarlos nuevamente dormidos! Y Tú con voz apagada y trémula los llamas: Hijos míos, no durmáis, la hora está próxima. no veis a qué estado me he reducido? Ah ayudadme, no me abandonéis en estas horas extremas. Y casi vacilante estás a punto de caerte a su lado mientras Juan extiende sus brazos para sostenerte. Estás tan irreconocible que de no haber sido por la suavidad y dulzura de tu voz, no te habrían reconocido. Después, recomendándoles que estén despiertos y que oren, vuelves al Huerto, pero con una segunda herida en el Corazón. En esta herida veo, oh bien mío, todas las culpas de aquellas almas que a pesar de las manifestaciones de tus favores en dones, caricias y besos, en las noches de la prueba, olvidándose de tu amor y de tus dones se quedan somnolientas y adormiladas, perdiendo así el espíritu de continua oración y vigilancia. Jesús mío, es cierto que después de haberte visto y después de haber gustado tus dones, se necesita gran fuerza para quedar privados y resistir; sólo un milagro puede hacer que esas almas resistan la prueba. Por eso, mientras te compadezco por esas almas, cuyas negligencias, ligerezas y ofensas son las más amargas para tu corazón, te ruego que en el momento que llegasen a dar un solo paso que pudiera en lo más mínimo entristecerte, las rodees de tanta Gracia que las detengas, para que no pierdan el espíritu de continua oración.

Dulce Jesús mío, mientras vuelves al Huerto parece que ya no puedes más; levantas al Cielo el rostro cubierto de sangre y de tierra y por tercera vez repites: Padre, si es posible, pase de Mí este cáliz...; Padre Santo, ayúdame, tengo necesidad de consuelo; es verdad que por las culpas que he tomado sobre Mí soy repugnante, despreciable, el último entre los hombres ante tu Majestad infinita; tu Justicia está airada contra Mí; pero mírame, oh Padre, pues siempre soy tu Hijo y formo una sola cosa contigo. Ah, socorro, piedad, oh Padre, no me dejes sin consuelo!. A continuación, oh Bien mío, me parece escuchar que llamas en tu ayuda a la querida Mamá: Dulce Mamá, estréchame entre tus brazos como me estrechabas siendo niño; dame aquella leche que tomaba de ti para darme fuerzas y endulzar las amarguras de mi agonía; dame tu corazón que es todo mi contento. Madre mía, Magdalena, Apóstoles queridos, vosotros todos los que me amáis, ayudadme, confortadme, no me dejéis solo en estos momentos extremos, hacedme todos corona a mi alrededor, dadme el consuelo de vuestra compañía y de vuestro amor... Jesús, amor mío, quién puede resistir viéndote en estos extremos? Qué corazón será tan duro que no se rompa viéndote ahogado en tu sangre? Quién no derramará a torrentes amargas lágrimas al escuchar los dolorosos acentos con que buscas ayuda y consuelo? Jesús mío, consuélate; veo que ya el Padre te envía un ángel como consuelo y ayuda, para que puedas salir de este estado de agonía y puedas entregarte en manos de los judíos.

Y mientras Tú estás con el ángel, yo recorreré Cielos y tierra. Tú me permitirás que tome esta sangre que has derramado para que pueda dársela a todos los hombres como prenda de salvación para cada uno y llevarte el consuelo de la correspondencia de sus afectos, latidos, pensamientos, pasos y obras. Celestial Madre mía, vengo a Ti para que juntas vayamos a todas las almas y les demos la sangre de Jesús. Dulce Mamá, Jesús quiere consuelo, y el mayor consuelo que podemos darle es llevarle almas...magdalena, acompáñanos; ángeles todos, venid a ver a qué estado se ha reducido Jesús. El quiere consuelo de todos y es tal y tan grande el abatimiento en que se encuentra que no desdeña a ninguno. Jesús mío, mientras bebes el cáliz lleno de intensas amarguras que el Padre te ha enviado, oigo que suspiras más, que gimes y que deliras, y con voz sofocada dices: Almas, almas, venid aliviadme, tomad sitio en mi Humanidad! Os quiero, os suspiro! Ah, no seáis sordas a mi voz, no hagáis vanos mis deseos ardientes, mi sangre, mi amor, mis penas! Venid almas, venid!. Delirante Jesús mío, cada uno de tus gemidos y suspiros es una herida para mi corazón, herida que no me da reposo, por lo que hago mía tu sangre, tu Querer, tu celo ardiente, tu amor, y recorriendo Cielos y tierra quiero ir a todas las almas para darles tu sangre como prenda de salvación y llevártelas a Ti para calmar tus anhelos, tus delirios y endulzar las amarguras de tu agonía, y mientras hago esto, acompáñame Tú mismo con tu mirada...

Madre mía, vengo a ti porque Jesús quiere almas, quiere consuelo; dame, pues, tu mano materna y recorramos juntas todo el mundo en busca de almas...encerremos en su sangre los afectos, los deseos, los pensamientos y obras, los pasos de todas las criaturas e incendiemos sus almas con las llamas de su Corazón para que se rindan, y así, metidas en su sangre y transformadas en sus llamas las conduciremos en torno a Jesús para endulzarle las penas de su amarguísima agonía. Ángel mío de mi guarda, precédenos tú y prepáranos las almas que han de recibir esta Sangre para que ninguna gota se quede sin su copioso efecto. Madre mía, pronto, pongámonos en camino; veo que Jesús nos sigue con su mirada, escucho sus repetidos sollozos que nos incitan a apresurar nuestra tarea. Y he aquí, oh Mamá, que ya a los primeros pasos nos encontramos a las puertas de las casas donde yacen los enfermos. Cuántos miembros llagados! Cuántos enfermos, bajo la atrocidad de los dolores prorrumpen en blasfemias e intentan quitarse la vida... Otros se ven abandonados por todos y no tienen quien les dé una palabra de consuelo ni los más necesarios socorros, y por eso más se lamentan contra Dios y se desesperan. Ay Mamá, escucho los sollozos de Jesús, pues ve correspondidas con ofensas sus más delicadas predilecciones de amor, que hacen sufrir a las almas para hacerlas semejantes a El. Ah, démosles su Sangre para que las provea de las ayudas necesarias y les haga comprender con su luz el bien que hay en el sufrir y la semejanza que adquieren con Jesús.

Y tú, Madre mía, ponte a su lado y como Madre afectuosa toca con tus manos maternas sus miembros doloridos, alíviales sus dolores, tómalas en tus brazos y derrama de tu Corazón torrentes de gracias sobre todas sus penas. Haz compañía a los abandonados, consuela a los afligidos; para quienes carecen de los medios necesarios dispón tú las almas generosas que los socorran; a quienes se encuentran bajo la atrocidad de los dolores obtenles consuelo y reposo; para que así, aligerados, puedan con mayor paciencia sobrellevar todo lo que Jesús dispone para ellos. Sigamos nuestro recorrido y entremos en la estancia de los moribundos... Madre mía, qué terror! Cuántas almas hay a punto de caer en el infierno! Cuántas, después de una vida de pecado quieren dar el último dolor a ese Corazón repetidamente traspasado, sellando su último respiro con un último acto de desesperación! Muchos demonios están en torno a ellas infundiendo en su corazón terror y espanto de los divinos juicios, dándoles así el último asalto para llevarlas al infierno; desearían avivar las llamas del infierno para envolverlas a ellas y no dar así lugar a la esperanza...otras, atadas por los apegos de la tierra no saben resignarse a dar el último paso...ah Mamá son los últimos momentos, tienen mucha necesidad de ayuda, no ves cómo tiemblan, cómo se debaten entre los espasmos de la agonía, cómo piden ayuda y piedad? La tierra ya ha desaparecido para ellas. 

Mamá Santa, ponles tu mano materna sobre sus heladas frentes y acoge Tú sus últimos respiros. Demos a cada moribundo la sangre de Jesús, la que poniendo en fuga a todos los demonios, disponga a todos a recibir los últimos Sacramentos y los prepare a una buena y santa muerte. Démosles el consuelo de la agonía de Jesús, sus besos, sus lágrimas y sus llagas; rompamos las ataduras que los tienen sujetos; hagamos oír a todos las palabras del perdón y pongámosles tal confianza en el corazón que hagamos que se arrojen en los brazos de Jesús. Y así El, cuando los juzgue, los encuentre cubiertos con su Sangre y abandonados en sus brazos haga que quieran recibir todo su perdón. Pero continuemos, oh Mamá. Tus ojos maternos miren con amor la tierra y se muevan a compasión por tantas pobres criaturas que necesitan esta Sangre...Madre mía, me siento incitada por la mirada indagadora de Jesús a correr, porque quiere almas. Siento sus gemidos en el fondo de mi corazón que repiten: Hija mía, ayúdame, dame almas... Mira, Mamá, como está llena la tierra de almas que están a punto de caer en el pecado, y cómo Jesús rompe en llanto viendo su Sangre sufrir nuevas profanaciones...hace falta un milagro que les impida la caída; démosles pues, la Sangre de Jesús para que encuentren en ella la fuerza y la gracia para no caer en el pecado. Un paso más, Madre mía, y he aquí otras almas ya caídas en culpa, las cuales necesitan una mano que las levante. Jesús las ama pero las mira horrorizado porque están enfangadas, y su agonía se hace aún más intensa. Démosles la Sangre de Jesús para que encuentren así esa mano que las levante...mira, Mamá, son almas que tienen necesidad de esta Sangre, almas muertas a la gracia. 

Oh, qué lamentable es su estado! El Cielo las mira y llora con dolor, la tierra las mira con repugnancia; todos los elementos están contra ellas y quisieran destruirlas, porque son enemigas del Creador. Oh Mamá, la Sangre de Jesús contiene la vida: démosela pues, para que a su contacto estas almas resuciten y resurjan más hermosas, y hagan así sonreír a todo el Cielo y la tierra. Pero sigamos, oh Mamá. Mira, hay almas que llevan la marca de la perdición, almas que pecan y huyen de Jesús, que lo ofenden y desesperan de su perdón...son los nuevos Judas dispersos por la tierra, que traspasan ese corazón tan amargado. Démosles la Sangre de Jesús para que esta Sangre borre en ellos la marca de la perdición y les imprima la de la salvación; para que ponga en sus corazones tanta confianza y amor después de la culpa que los haga correr a los pies de Jesús y estrecharse a esos pies divinos para no separarse jamás...mira, oh Mamá, hay almas que corren locamente hacia la perdición y no hay quien detenga su carrera. Ah, pongamos esa Sangre ante sus pies para que al tocarla, ante su luz y ante sus voces suplicantes, que quieren salvarlas, puedan retroceder y ponerse en el camino de la salvación... 

Continuemos, Mamá, nuestro recorrido. Mira, hay almas buenas, almas inocentes en las que Jesús encuentra sus complacencias y su descanso de la Creación, pero las criaturas están en torno a ellas con tantas insidias y escándalos para arrancar esta inocencia y convertir las complacencias y el descanso de Jesús en lágrimas y amarguras, como si no tuvieran más fin que el de dar continuos dolores a ese Corazón divino...sellemos y circundemos pues su inocencia con la Sangre de Jesús, para que sea como un muro de defensa para que en ellas no entre la culpa: pon en fuga, con su Sangre, a quienes quisieran contaminarlas, y consérvalas puras y sin mancha para que en ellas Jesús encuentre su descanso de la Creación y todas sus complacencias, y por amor de ellas se mueva a piedad de tantas otras pobres criaturas... Madre mía, pongamos estas almas en la Sangre de Jesús, atémoslas una y otra vez con el Santo Querer de Dios, llevémoslas a sus brazos y con las dulces cadenas de su amor atémoslas a su Corazón para endulzar las amarguras de su mortal agonía... Pero escucha, oh Mamá esta sangre grita y quiere todavía más almas...corramos juntas y vayamos a las regiones de herejes y de infieles... Cuánto dolor siente Jesús en estas regiones! El, siendo vida de todos, no recibe en correspondencia ni siquiera un pequeño acto de amor y no es conocido por sus mismas criaturas...ah Mamá, démosles esta Sangre para que les disipe las tinieblas de la ignorancia o de la herejía, para que les haga comprender que tienen un alma, y abra para ellas el Cielo. Después pongámoslas en torno a El como tantos hijos huérfanos y desterrados que al fin encuentran a su Padre, y así Jesús se sentirá confortado en su amarguísima agonía. 

Pero parece que Jesús no está aún contento, porque quiere más almas. En estas regiones de paganos e infieles siente que de sus brazos le son arrancadas las almas de los moribundos para ir a precipitarse en el infierno. Estas almas están ya a punto de expirar y caer en el abismo, no hay nadie a su lado para salvarlas. El tiempo apremia, los momentos son extremos y se perderán sin duda! No, Mamá, esta Sangre no será derramada inútilmente por ellas, por tanto volemos inmediatamente hacia ellas y derramemos sobre su cabeza la sangre de Jesús para que les sirva de Bautismo e infunda en ellas la Fe, la Esperanza y la Caridad...Ponte a su lado, Mamá, y suple Tú todo lo que les falta; más aún, déjate ver; en tu rostro resplandece la belleza de Jesús, tus modos son en todo iguales a los suyos, y por eso, viéndote, podrán conocer con certeza a Jesús. Estréchalas después a tu corazón materno, infúndeles la vida de Jesús que tú posees, diles que siendo Tú su madre, las quieres para siempre felices contigo en el Cielo, y así, mientras expiran, recíbelas en tus brazos y haz que de los tuyos pasen a los de Jesús. Y si Jesús mostrase, según los derechos de la justicia, que no puede recibirlas, recuérdale el amor con el que te las confió bajo la Cruz, y reclama tus derechos de Madre, de manera que a tu amor y a tus plegarias El no pueda resistir, y mientras contentará tu Corazón, contentará también tus ardientes deseos. Y ahora, oh Mamá, tomemos esta Sangre y démosla a todos: A los afligidos, para que sean consolados; a los pobres, para que sufran su pobreza resignados y agradecidos; a los que son tentados, para que obtengan la victoria; a los incrédulos, para que en ellos triunfe la virtud de la Fe; a los blasfemos, para que cambien sus blasfemias en bendiciones; a los Sacerdotes, para que comprendan su misión y sean dignos ministros de Jesús; toca sus labios con esta Sangre para que no digan palabras que no sean de gloria de Dios; toca sus pies para que corran y vuelen en busca de almas y las conduzcan a Jesús...Demos esta Sangre a quienes rigen los pueblos, para que estén unidos y tengan mansedumbre y amor hacia sus súbditos. Volemos ahora hacia el Purgatorio y demos también esta Sangre a las almas penantes, pues ellas lloran y suplican esta Sangre para su liberación... No escuchas, Mamá, sus gemidos y sus delirios de amor que las torturan, y cómo continuamente se sienten atraídas hacia el Sumo Bien? Ves cómo Jesús mismo quiere purificarlas para tenerlas cuanto antes consigo? El las atrae con su amor, y ellas le corresponden con continuos ímpetus de amor hacia El, pero al encontrarse en su presencia, no pudiendo aún sostener la pureza de la divina mirada, no pueden sino retroceder y caer de nuevo en las llamas de amor purificadoras...madre mía, descendamos en esta profunda cárcel y derramando sobre ellas esta Sangre, llevémosles la luz, mitiguemos sus delirios de amor, extingamos el fuego que las abrasa, purifiquémoslas de sus manchas, para que así, libres de toda pena, vuelen a los brazos del Sumo Bien; demos esta Sangre a las almas más abandonadas y olvidadas, para que encuentren en Ella todos los sufragios que las criaturas le niegan; demos a todas, oh Mamá esta Sangre, no privemos a ninguna, para que en virtud de Ella todas encuentren alivio y liberación. Haz de Reina en estas regiones de llantos y de lamentos, extiende tus manos maternas y saca de estas llamas ardientes, una por una a todas las almas, haciéndolas emprender a todas el vuelo hacia el Cielo...

Y ahora hagamos también nosotras un vuelo hacia el Cielo. Pongámonos a las puertas eternas y...permíteme, oh Mamá, que también a ti te dé esta Sangre para tu mayor gloria. Esta Sangre te inunde de nueva Luz y de nuevos contentos...y haz que esta luz descienda en beneficio de todas las criaturas para darles a todas la gracia de la salvación. Ahora, Madre mía, dame también Tú a mí esta Sangre...Tú sabes cuánto la necesito. Con tus mismas manos maternas retoca todo mi ser con esta Sangre y retocándome, purifícame de mis manchas, cura mis llagas, enriquece mi pobreza, haz que esta Sangre circule por mis venas y me dé toda la Vida de Jesús, que descienda a mi corazón y me lo transforme en su mismo Corazón, que me embellezca tanto que Jesús pueda encontrar todas sus complacencias en mí. Ahora sí, oh Mamá, entremos en las regiones del Cielo y demos esta Sangre a todos los bienaventurados, a todos los ángeles, para que puedan tener mayor gloria, para que prorrumpan en himnos y acciones de gracias a Jesús y rueguen por nosotros, viadores, para que en virtud de esta Sangre podamos un día reunirnos con ellos. Y después de haber dado a todos esta Sangre vayamos de nuevo a Jesús. Ángeles y santos, venid con nosotras. Ah, El suspira las almas y quiere hacerla entrar todas en su Humanidad para darles a todas los frutos de su Sangre. Pongámoslas, pues, en torno a El y se sentirá volver la Vida y recompensar por la amarguísima agonía que ha sufrido.

Y ahora, Mamá santa, llamemos a todos los elementos a hacerle compañía a fin de que ellos rindan también honor a Jesús...Oh luz del sol, ven a disipar las tinieblas de esta noche paa dar consuelo a Jesús. Oh estrellas, con vuestras centelleantes luces descended del cielo y venid a consolar a Jesús. Flores de la tierra, venid con vuestros perfumes; Pajarillos de los aires, venid con vuestros trinos; elementos todos de la tierra, venid a confortar a Jesús. Ven, oh mar, a refrescar y a lavar a Jesús...El es nuestro creador, nuestra vida, nuestro todo; venid todos a confortarlo, a rendirle homenaje como a nuestro soberano Señor... Pero, ay, Jesús no busca luz, ni estrellas, ni flores, ni aves... El quiere almas, almas! Helas aquí, dulce bien mío, a todas junto conmigo: A tu lado está nuestra Mamá querida...descansa Tú entre sus brazos; también ella tendrá consuelo al estrecharte a su regazo, pues ha participado intensamente en tu dolorosa agonía...también está aquí Magdalena, está Marta, y están todas las almas que te aman de todos los siglos...oh Jesús, acéptalas, y a todas di una palabra de amor y de perdón; en tu amor átalas a todas para que no vuelva a huirte ningún alma...pero parece que me dices: Ah hija, cuántas almas por la fuerza huyen de Mí y se precipitan en la ruina eterna! Cómo podrá, entonces, calmarse mi dolor, si Yo amo tanto a una sola alma cuanto amo a todas las almas juntas?...

Conclusión de la Agonía 

Agonizante Jesús, parece que está por apagarse tu vida, oigo ya el estertor de tu agonía y veo tus hermosos ojos eclipsados por la cercana muerte y tus santísimos miembros abandonados, y siento cada vez más como que ya no respiras, y siento que el corazón se me rompe por el dolor. Te abrazo y te siento helado; te toco y no das señales de vida... Jesús! Estás muerto? Afligida Mamá, ángeles del Cielo, venid a llorar a Jesús; y no permitáis que siga yo viviendo sin El, porque no puedo. Y me lo estrecho más fuete y siento que da otro respiro, y luego que otra vez no da señales de vida...y lo llamo: Jesús, Jesús, vida mía, no te mueras! Ya oigo el ruido de tus enemigos que vienen a prenderte... Quién te defenderá en el estado en que te encuentras? Y El, sacudido, parece que resurge de la muerte a la vida. Me mira y me dice: Hija, estás aquí? Has sido espectadora de mis penas y de tantas muertes como he sufrido? Pues bien, debes saber, oh hija, que en estas tres horas de amarguísima agonía he reunido en Mí todas las vidas de las criaturas, y he sufrido todas sus penas y hasta sus mismas muertes, dándoles a cada una mi misma Vida...Mis agonías sostendrán las suyas; mis amarguras y mi muerte se tornarán para ellas en fuente de dulzura y de vida. Cuánto me cuestan las almas! Si fuese al menos correspondido! Es por eso que has visto cómo, mientas moría, volvía a respirar...eran las muertes de las criaturas que sentía en Mí.

Fatigado Jesús mío, ya que has querido encerrar en ti también mi vida, y por lo tanto también mi muerte, te ruego que por esta amarguísima agonía tuya, vengas a asistirme en el momento de mi muerte. Yo te he dado mi corazón como refugio y reposo, mis brazos para sostenerte y todo mi ser a tu disposición y oh, con cuánto deseo me entregaría en manos de tus enemigos para poder morir yo en lugar tuyo...ven, oh vida de mi corazón, en aquel momento extremo, a darme lo que te he dado, tu compañía, tu Corazón como lecho y descanso, tus brazos como sostén, tus respiros afanosos para aliviar mis afanes, de modo que al respirar lo haré por medio de tu respiración, que como aire purificador me purificará de toda mancha y me prepararás la entrada en la felicidad eterna...más aún, dulce Jesús mío, aplicarás a mi alma toda tu Humanidad santísima, de modo que al mirarme me verás a través de ti mismo y viéndote a ti mismo en mí, no hallarás nada de qué juzgarme; luego me bañarás en tu Sangre, me vestirá con la blanca vestidura de tu Santísima Voluntad, me trasfigurarás en el sol de tu Amor y dándome el último beso me harás emprender el vuelo de la tierra al Cielo... 

Y ahora te ruego que hagas esto que quiero para mí, a todos los agonizantes; estréchatelos a todos en el abrazo de tu amor y dándoles el beso de la unión sálvalos a todos y no permitas que ninguno se pierda. Afligido Bien mío, te ofrezco esta hora, en la que he hecho memoria de tu Pasión y de tu muerte, para desarmar la justa ira de Dios por tantos pecados, por la conversión de los pecadores, por la paz de los pueblos, por nuestra santificación y en sufragio de las almas del Purgatorio. Pero veo que tus enemigos están ya cerca y Tú quieres dejarme para ir a su encuentro. Jesús, permíteme que te bese en la mejilla, donde Judas osará besarte con su beso infernal. Permíteme que te limpie el rostro bañado en sangre, sobre el cual van a llover bofetadas y salivazos. Y Tú, estrechándome fuerte a tu corazón, no dejarás que te deje jamás, sino que harás que te siga en todo... Bendíceme!

✝✝✝

OFRECIMIENTO DESPUÉS DE CADA HORA: 
Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente, que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: "Gracias" y "Te Bendigo". Sí, oh Jesús, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos... Gracias y Te bendigo por cada gota de sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un "Gracias" y un "Te Bendigo". Ah, Jesús, haz que todo mi ser te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de tus bendiciones y de tus gracias... Ah, Jesús, estréchame a tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un "Te Bendigo" tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti.

Dulce Amor mío, debiendo a tender a mis ocupaciones, me quedo en tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo. Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a tu Corazón, que tus ojos me miren y lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión contigo. Oh Jesús mío!, mantenme en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer...

martes, 4 de abril de 2017

Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada

Vida Religiosa Contemplativa

Historia de la Congregación: 

Nuestra fundadora, la Rvda. M. María Rosario del Espíritu Santo Lucas Burgos. Nació en Almería el 27 de febrero de 1909 y murió santamente en Córdoba el 5 de enero de 1960. Nuestro Co-fundador, el Rvdo. P. José Antonio de Aldama, S.J. Nació en Sanlúcar de Barrameda (cádiz, el 9 de julio de 1903; murió santamente en Granada el 23 de marzo de 1980. Dos almas con el mismo ideal, que Dios une para llevar a cabo una misión. El Instituto nació por el ardiente deseo de que nuestro Señor Sacramentado no estuviera nunca solo; deseo que, el mismo Señor, puso en ambos cuando todavía no se conocían... "Mi delicia es estar con los hijos de los hombres". La Madre empezó la Obra, mientras el Padre suplicaba insistentemente al Señor, suscitase en su Iglesia una Congregación que llevase a cabo ese deseo de su corazón. 

Se conocieron en los albores del Instituto, cuando empezaban los momentos azarosos. El Padre, fue enviado al Instituto por sus Superiores a la hora de Dios. Cuando hacía falta una mano experta y un corazón que vibrase con ardor por la Eucaristía, capaz de darlo todo por el Instituto. El Padre escribió las Constituciones y el Directorio Espiritual y con mente clarísima y mano prudente fue llevando las cosas por el cauce de la voluntad de Dios.

La Congregación nació el día 24 de diciembre de 1943 en Málaga. Asistieron las cuatro primeras esclavas a la Misa de medianoche y después se fueron a la casita que habían preparado. Fue establecida como Pía Unión en Málaga, el 24 de febrero de 1944. Es trasladada a Granada y el 15 de septiembre de 1948 es aprobada como Congregación de Derecho Diocesano. El 7 de octubre siguiente se celebra solemnemente el acto de erección canónica y hacen los votos perpetuos las primeras profesas. Recibe la aprobación Pontificia el 31 de mayo de 1989.


Carisma:

Las religiosas Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada, han nacido en estos tiempos lanzados hacia un exterior materialista, para dar entre nuestro mundo un testimonio vivo de fe en la sagrada Eucaristía. Tenemos como ideal, imitar en nuestra vida interior y exterior la vida que lleva Jesús en el Santísimo Sacramento, ofreciéndonos en oblación de amor, estrechamente unidas a la Víctima Sagrada del Altar, para mayor gloria de su Eterno Padre (Constituciones).

Con la celebración diaria de la Liturgia de las Horas, participan las Esclavas pública y oficialmente en la oración y en la alabanza del Corazón de Jesús al Padre. Cada religiosa tiene ante el Santísimo dos horas de adoración: una durante el día y otra durante la noche. A esta última se le da un matiz especial de reparación.

¡Estar con Jesús! es el anhelo de toda Esclava del Santísimo.

Es también el espíritu del Instituto esencialmente mariano, viviendo cada día con mayor verdad y plenitud su consagración de Esclavas de María Inmaculada, e inspirándose para ello en los sentimientos del Corazón virginal de la que se llamó a sí misma la Esclava del Señor (Constituciones). Es la esclavitud mariana, un grado superior de filiación.

La Congregación está puesta bajo la protección de la Santísima Virgen en el misterio de su Concepción Inmaculada; la ilusión de su imitación llena nuestras vidas.

"La vida contemplativa de los religiosos estaría incompleta, si no estuviera orientada hacia un amor filial a la que es Madre de la Iglesia y de las almas consagradas". (San Juan Pablo II).

A diario la invocamos con el rezo completo del Santo Rosario. El Ángelus se canta solemnemente las tres veces litúrgicas, y todas sus fiestas las revestimos de la mayor alegría, solemnidad y amor. 

Bajo la dulce sombra de la Señora pasan silenciosos los días de la esclava, y con la mirada fija en su Madre Inmaculada se sienten fuertes y seguras en su peregrinar hacia Dios. 

Nuestra Propuesta

Vida Contemplativa: Nuestra vocación contemplativa se centra en la adoración, la alabanza y la reparación al Santísimo Sacramento del Altar. En nuestras Iglesias se le tiene solemnemente expuesto día y noche. "Aplicando vuestra capacidad de amar en la adoración y en las plegarias, vuestra existencia grita silenciosamente el primado de Dios, testimonia la dimensión trascendente en la persona humana y lleva a los hombres a pensar y a interrogarse sobre el sentido de la vida". (Juan Pablo II a las religiosas en Sao Paulo).

A la queja de Jesús a los Apóstoles en el huerto: "¿No habéis podido velar una hora conmigo?", quiere responder nuestro instituto, cumpliendo esa misión esencial que la Iglesia tiene en la tierra, de orar, adorar, alabar y reparar. Misión que cumple en unión de Jesucristo, su Cabeza y su Esposo, que es el gran intercesor ante el Padre, al que alaba sin cesar, intercediendo constantemente por el mundo entero.

"Los Institutos y Asociaciones que por ley peculiar aprobada por la Iglesia, han recibido la misión de dar al Sacramento de la Eucaristía el culto de adoración, sepan que cumplen un oficio excelentísimo y que lo cumplen en nombre de la Iglesia" (Pablo VI).

En sus adoraciones, las religiosas, mirando como suyos los intereses de todos el Corazón de Jesús, abren sus corazones a las necesidades de la Iglesia, en una expansión de su amor. Esta oración de intercesión por las necesidades de todos los hombres, es una misión muy especial de vida contemplativa en la Iglesia. Aquí se despliega nuestro espíritu apostólico. 

La vida contemplativa se cultiva dentro de un ambiente de un clima de silencio y recogimiento necesario para la vida de oración y trato con Dios. Este ambiente da a la casa religiosa el clima ideal para la vida de oración; que, eso es precisamente la contemplación, una vida, no unos ratos de oración. Una vida hecha minuto a minuto oración por la elevación de la mente y del corazón al Señor.

Trabajo: Conforme a la tradición sagrada de la vida religiosa, alternamos la oración con el trabajo, tomándolo no sólo como ley natural impuesta por Dios, sino también como ejercicio de penitencia y deber de justicia con el Instituto (Const.).

Dedicamos nuestro trabajo manual a toda clase de labores destinadas al culto divino, y algunos otros trabajos que al menos tengan carácter artístico religioso. 

Los diferentes oficios de la casa los desempeñan distintamente las religiosas que designa la obediencia. Aunque se tienen en cuenta las aptitudes personales. 

De este modo, sus vidas se hacen fecundas para la Iglesia y para el bien de la humanidad por quienes se sacrifican.
Modelo para nosotras es la Sagrada Familia, imitando en nuestro trabajo la pura intención, la entrega ilimitada y la mortificación que tanto brillaron en la casa de Nazaret. (Const.).

Se tienen dos horas de recreación: una después de la comida y otra después de la cena. Estas recreaciones se tienen en común, en alegre y regocijada fraternidad.


Conoce el postulantado ... La Congregación cuenta con varios noviciados donde puedes formarte y conocer si tu vocación es verdadera: 

En España: 
Cuenca - Plaza de la Merced, 5  -  Tel. 969 214 505

En América:
Hatillo, Puerto Rico - Call Box 69001, Suite 180  -  Tel. 787-8 202866

Mataquescuintla, (Jalapa) Guatemala - 
Monasterio Nuestra Señora del Magníficat  -  Tel. 7924 2563

Puerto Barrios, Guatemala  -  10a calle - 17a Avenida BARRIO DE LA ESPERANZA. 
Tel. 00502 5294 3656  -  00502 7948-8377 

SEXTA HORA de la Pasión de Ntro. Señor Jesucristo

LAS HORAS DE LA PASIÓN DE N. S. JESUCRISTO

PREPARACIÓN PARA ANTES DE LA MEDITACIÓN:

Oh Señor mío Jesucristo, postrada ante tu divina presencia suplico a tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en tu cuerpo adorable como en tu alma santísima, hasta la muerte de Cruz. Ah, dame tu ayuda, gracia, amor profunda compasión y entendimiento de tus padecimientos mientras medito ahora la Hora... y por las que no puedo meditar, te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligada a dedicarme a mis deberes o a dormir. Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si, en efecto, hiciera santamente todo lo que deseo practicar.

Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo tus pensamientos, tu lengua, tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en tu corazón empiezo..

DE LAS 10 A LAS 11 DE LA NOCHE, SEXTA HORA
Segunda hora de agonía en el Huerto de Getsemaní

Oh dulce Jesús mío, ya ha transcurrido una hora desde que llegaste a este Huerto. El Amor tomó la primacía sobre todo, haciéndote sufrir todo junto lo que los verdugos te harán sufrir en el curso de tu amarguísima Pasión; más aun, suplió y llegó a hacerte sufrir todo lo que ellos no podrán, y en las partes más internas de tu Divina Persona. Jesús mío, te veo ya vacilante en tus pasos, pero no obstante, quieres caminar. Dime, oh bien mío, a dónde quieres ir? Ah, ya comprendo, a encontrar a tus amados discípulos...y yo también quiero acompañarte para sostenerte si Tú vacilas. 

Pero, oh Jesús mío, otras amarguras encuentra tu corazón: Ellos duermen y Tú siempre piadoso, los llamas, los despiertas y con paternal amor los amonestas y les recomiendas la vigilancia y la oración. Vuelves luego al Huerto, pero llevas otra herida en el Corazón, y en esta herida veo, oh amor mío, todas las heridas de las almas consagradas a ti, que, o por tentación o por estado de ánimo o por falta de mortificación, en vez de estrecharse a ti, de velar y orar, se abandonan a sí mismas y, somnolientas, en vez de progresar en el amor y en la unión contigo, retroceden...cuánto te compadezco, oh amante apasionado, y te reparo por todas las ingratitudes de tus más fieles. Estas son las ofensas que mayormente entristecen a tu corazón adorable y es tal y tan grande su amargura que te hacen delirar. Pero, oh amor mío sin límites, tu amor que te hierve en las venas vence todo y olvida todo. 

Te veo postrado por tierra, y oras, te ofreces, reparas y quieres glorificar al Padre en todo por las ofensas que le hacen las criaturas. También yo, oh Jesús mío, me postro contigo y unido a ti quiero hacer lo que haces Tú... Oh Jesús, delicia de mi corazón, veo que la multitud de todos los pecados, nuestras miserias, nuestras debilidades, los más enormes delitos, las más negras ingratitudes, te vienen al encuentro, se arrojan sobre ti y te aplastan, te hieren, te muerden...y Tú, qué haces? La sangre que te hierve en las venas hace frente a todas estas ofensas, rompe las venas y en copiosos arroyos brota fuera, te empapa todo y corre hasta la tierra, dando sangre por ofensas, Vida por muerte... Ah, a qué estado te veo reducido, estás expirando ya!. 

Oh bien mío, dulce vida mía, no te mueras, levanta la cara de esta tierra que has mojado con tu sangre preciosísima, ven a mis brazos y haz que yo muera en vez de ti...pero oigo la voz trémula y moribunda de mi dulce Jesús, que dice: Padre, si es posible, pase de Mí este cáliz, pero hágase no mi voluntad sino la Tuya!. Ya es al segunda vez que oigo esto de mi dulce Jesús. Pero que es lo que me quieres hacer comprender con estas palabras: Padre, si es posible pase de Mí este cáliz? Oh Jesús, se te hacen presentes todas las rebeliones de las criaturas, ves por casi todas rechazado aquel Hágase tu Voluntad que debía ser la vida de cada criatura, y éstas, en vez de encontrar la vida, encuentran la muerte; y Tú, queriendo dar la vida a todas y hacer una solemne reparación al Padre por las rebeliones de las criaturas, por tres veces repites: Padre, si es posible pase de mí este cáliz, es decir, el cáliz amargo de que las almas, separándose de nuestra Voluntad, se pierdan... Este cáliz es para Mí muy amargo; sin embargo, no se haga mi voluntad, sino la Tuya. 

Pero mientras dices esto, es tal y tan grande la amargura, que te reduce al extremo, te hace agonizar y estás a punto de dar el último respiro... Oh Jesús mío, Bien mío, ya que estás en mis brazos, yo también quiero unirme contigo, quiero reparate y compadecerte por todas las faltas, por todos los pecados que se cometen contra tu Santísimo Querer, y suplicarte que yo siempre haga todo en tu Santísima Voluntad; que tu Voluntad sea mi respiro, mi aire, que tu Voluntad sea mi latido, sea mi corazón, mi pensamiento, mi vida y mi muerte...pero, ah, no te mueras. Adónde podré ir sin ti? A quién me volveré, quién me ayudará? Todo acabaría para mí. Ah, no me dejes, tenme como quieras, como a ti más te plazca, pero tenme contigo, siempre contigo; que jamás suceda que, ni por un instante, me quede separada de Ti. Es más, déjame endulzarte, repararte y compadecerte por todos, porque veo que todos los pecados, de todas las especies, pesan sobre Ti. Por eso, Amor mío, beso tu santísima cabeza...pero, qué veo? Todos los malos pensamientos, y Tú sientes su horror. Cada pensamiento malo es una espina para tu sacratísima cabeza, que te hiere acerbamente; ah, no se podrán comparar con la corona de espinas que te pondrán los judíos... Cuántas coronas de espinas te ponen en tu adorable cabeza los malos pensamientos de las criaturas!, tanto que la sangre te brota por todas partes, de la frente, y hasta de entre los cabellos...jesús, te compadezco y quisiera ponerte otras tantas coronas de gloria y para endulzarte te ofrezco todas las inteligencias de los ángeles y tu misma inteligencia para ofrecerte una compasión y una reparación por todos. 

Oh Jesús, beso tus ojos piadosos...y en ellos veo todas las malas miradas de las criaturas que hacen correr sobre tu rostro lágrimas de sangre...te compadezco y quisiera endulzar tu vista poniéndote delante todos los gustos que se puedan encontrar en el Cielo y en la tierra. Jesús, bien mío, beso tus sacratísimos oídos...pero, qué escucho? En ellos oigo el eco de las horrendas blasfemias, los gritos de venganza y de malediciencia; no hay ni una voz amante y dulce que resuene en tus sacratísimos oídos...oh amor insaciable, te compadezco, y quiero consolarte haciendo resonar en ellos todas las armonías del Cielo, la voz dulcísima de tu querida Mamá, los encendidos acentos de la Magdalena y de todas las almas que te aman. Jesús, vida mía, un beso más encendido quiero poner en tu rostro, cuya belleza no tiene par...ah, este es el rostro ante el cual los ángeles no se atreven a levantar la mirada, y es tal y tanta su hermosura que a ellos los arrebata, pero que las criaturas sí se atreven a ensuciarlo con salivazos, a golpearlo con bofetadas y a pisotearlo bajo los pies. Amor mío, qué osadía! Quisiera gritar fuertemente para ponerlos en fuga! Te compadezco, y para reparar estos insultos me dirijo a la Trinidad Sacrosanta para pedir el beso del Padre y del Espíritu Santo y las inimitables caricias de sus manos creadoras, me dirijo también a la Mamá Celestial para que me dé sus besos, las caricias de sus manos maternas y sus profundas adoraciones, me dirijo también a todas las almas consagradas a Ti y te lo ofrezco todo para repararte por las ofensas hechas a tu santísimo rostro. Dulce bien mío, beso tu dulcísima boca...pero la siento amargada por las horribles blasfemias, por las náuseas de la gula y de las embriagueces, por las conversaciones obscenas, por las oraciones mal hechas, por las malas enseñanzas y por todo lo malo que hace el hombre con la palabra...jesús, te compadezco y quiero endulzarte la boca, para lo cual te ofrezco todas las alabanzas angélicas y el buen uso de la palabra que hacen tus hijos. 

Oprimido amor mío, beso tu cuello...y ya veo atado con las sogas y las cadenas de los apegos y los pecados de las criaturas. Te compadezco, y para aliviarte te ofrezco la unión inseparable de las Divinas Personas; y yo, fundiéndome en esta unión, extiendo a ti mis brazos y formando en torno a tu cuello dulces cadenas de amor alejar de ti las ataduras de los apegos que casi te ahogan, y para endulzarte te estrecho fuerte a mi corazón. Fortaleza divina, beso tus santísimos hombros...y los veo lacerados, veo tus carnes arrancadas a pedazos por los escándalos y los malos ejemplos de las criaturas. Te compadezco, y para aliviarte te ofrezco tus santos ejemplos de la Mamá y Reina y los de todos tus santos; y yo, Jesús mío, haciendo correr mis besos en cada una de estas llagas quiero encerrar en ellas las almas que por motivo de escándalo han sido arrancadas de tu Corazón, y quiero así sanar las carnes de tu santísima Humanidad. Fatigado Jesús mío, beso tu pecho...y lo veo herido por las frialdades, por las tibiezas, por las faltas de correspondencia y por las ingratitudes de todas las criaturas...te compadezco, y para endulzarte te ofrezco el recíproco amor del Padre y del Espíritu Santo, la perfecta correspondencia entre las tres Divinas Personas; y yo, oh Jesús mío, sumergiéndome en tu amor, quiero ser defensa para impedir estas heridas que las criaturas te causan con sus pecados, y tomando tu amor, quiero con él herirlas para que ya no se atreven a ofenderte nunca más, y quiero derramarlo en tu pecho para endulzarte y sanarte. 

Oh Jesús mío, beso tus manos creadoras...y veo todas las malas acciones de las criaturas que como otros tantos clavos traspasan tus manos santísimas, de modo que no quedas Tú crucificado sólo con tres clavos, como sobre la cruz, sino por tantos clavos por cuantas son las obras malas que hacen las criaturas...te compadezco, y para endulzarte te ofrezco todas las obras santas, el valor de los mártires al dar su sangre y su vida por tu amor; y quisiera también, Jesús mío, ofrecerte todas las buenas obras para quitarte todos los clavos de las obras malas. Jesús, beso tus pies santísimos, siempre incansables en la búsqueda de las almas...y veo que en ellos encierras todos los pasos de las criaturas, pero muchas de ellas sientes que te escapan y Tú quisieras tomarlas a todas. Por cada uno de sus malos pasos Tú te sientes traspasado por un clavo, y quieres servirte de todos estos clavos para clavarlas en tu amor...y tal y tan intenso es el dolor que sientes y el esfuerzo que haces por clavarlas a tu amor que te estremeces todo. 

Oh Jesús, te compadezco, y para consolarte te ofrezco los pasos de todas las almas fieles que exponen su vida por salvar almas. Oh Jesús, beso tu Corazón...Y veo que sigues agonizando, no por lo que te harán sufrir los judíos, no, sino por el dolor que te causan las ofensas de las criaturas...en estas horas quieres dar el primer lugar al amor, el segundo lugar, a todos los pecados, por los cuales expías, reparas, glorificas al Padre y aplacas a la divina Justicia; y el tercer lugar, a los judíos. Y con esto me das a entender que la Pasión que te harán sufrir los judíos no será sino la sombra de la doble Pasión amarguísima que te hacen sufrir el amor y el pecado, y por esto es por lo que yo veo concentrado en tu corazón la lanza del amor, la lanza del pecado, y esperas la tercera lanza, la lanza de los judíos...y tu Corazón sofocado por el amor sufre contradicciones violentas, afectos impacientes de amor, deseos que te consumen, latidos de fuego que quisieran dar vida a cada corazón. 

Y precisamente es aquí, en tu Corazón, donde sientes todo el dolor que te causan las criaturas, las cuales con sus malos deseos, con sus desordenados afectos, con sus latidos profanados, en vez de querer tu amor, buscan otros amores... Jesús mío, oh cuánto sufres! Te veo desfallecer, sumergido por las olas de nuestras iniquidades; te compadezco y quiero endulzar la amargura de tu Corazón triplemente traspasado, ofreciéndote las dulzuras eternas y el amor dulcísimo de la Mamá querida. Y ahora, oh Jesús, haz que mi pobre corazón tome vida de este Corazón tuyo, para que no viva más que con tu solo Corazón, y en cada ofensa que recibas, mi corazón se encuentre siempre preparado para ofrecerte un consuelo, un alivio, un acto de amor interrumpido...

✝✝✝

OFRECIMIENTO DESPUÉS DE CADA HORA: 
Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente, que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: "Gracias" y "Te Bendigo". Sí, oh Jesús, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos... Gracias y Te bendigo por cada gota de sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un "Gracias" y un "Te Bendigo". Ah, Jesús, haz que todo mi ser te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de tus bendiciones y de tus gracias... Ah, Jesús, estréchame a tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un "Te Bendigo" tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti.

Dulce Amor mío, debiendo a tender a mis ocupaciones, me quedo en tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo. Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a tu Corazón, que tus ojos me miren y lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión contigo. Oh Jesús mío!, mantenme en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer...

lunes, 3 de abril de 2017

QUINTA hora de la pasión de Ntro. Señor Jesucristo

LAS HORAS DE LA PASIÓN DE N. S. JESUCRISTO 

PREPARACIÓN PARA ANTES DE LA MEDITACIÓN:

Oh Señor mío Jesucristo, postrada ante tu divina presencia suplico a tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en tu cuerpo adorable como en tu alma santísima, hasta la muerte de Cruz. Ah, dame tu ayuda, gracia, amor profunda compasión y entendimiento de tus padecimientos mientras medito ahora la Hora... y por las que no puedo meditar, te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligada a dedicarme a mis deberes o a dormir. Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si, en efecto, hiciera santamente todo lo que deseo practicar.
Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo tus pensamientos, tu lengua, tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en tu corazón empiezo...

DE LAS 9 A LAS 10 DE LA NOCHE, QUINTA HORA
Primera hora de agonía en el huerto de Getsemaní

Afligido Jesús mío, como por una corriente eléctrica me siento atraída a este huerto...ah, comprendo que Tú me llamas, y como por un potente imán siento atraído mi herido corazón, y yo corro pensando para mí: Qué cosa es esta atracción de amor que siento en mí? Ah, es mi perseguido Jesús que se encuentra en tal estado de amargura que siente necesidad de mi compañía. Y yo corro, vuelo, pero qué?, me siento sobrecogida al entrar en este Huerto...es la oscuridad de la noche, la intensidad del frío, el moverse lento de las hojas que como voces lastimeras presagian penas, tristezas y muerte para mi dolorido Jesús. 

El dulce centellear de las estrellas, que como ojos llorosos están mirando atentas, y haciendo eco a las lágrimas de Jesús me reprochan mis ingratitudes. Yo tiemblo, y en la oscuridad lo voy buscando y lo llamo: Jesús, dónde estás? Me llamas y no te dejas ver? Me llamas y te escondes?. Todo es terror, todo es espanto y silencio profundo...pongo toda mi atención en mis oídos y percibo su respirar afanoso...y es precisamente a Jesús a quien encuentro. Pero qué cambio funesto ha habido! Ya no es el dulce Jesús de la Cena Eucarística, cuyo rostro resplandecía con una hermosura arrebatadora y deslumbrante, sino que ahora está triste, con una tristeza mortal que eclipsa su belleza... ya está en agonía, y yo me siento turbada al pensar que no escucharé más su voz, pues parece que muere, y por eso me abrazo a sus pies, y haciéndome más atrevida me acerco a sus brazos, le pongo la mano en la frente para sostenerlo y en voz baja lo llamo: Jesús, Jesús. 

Y entonces Él respondiendo a mi voz, me mira y me dice: Hija, estás aquí? Te estaba esperando, pues el completo abandono de todos es la tristeza que más me oprime. Y te esperaba a ti para hacerte espectadora de mis penas y para hacerte beber conmigo el cáliz de las amarguras que mi Padre Celestial me enviará dentro de poco por medio de un ángel. Lo beberemos juntos, no será un cáliz de consuelo sino de intensa amargura, y siento la necesidad de que las almas que me aman beban alguna gota al menos...por eso te he llamado, para que tú lo aceptes y compartas conmigo mis penas y me asegures que no me vas a dejar solo en tanto abandono. Ah sí, angustiado Jesús mío, bebamos juntos el cáliz de tus amarguras, suframos juntos tus penas, yo no me separaré jamás de estar a tu lado. Entonces mi afligido Jesús, después de habérselo asegurado, entra en agonía mortal y sufre penas jamás vistas ni escuchadas. Y yo, no pudiendo resistir y queriendo compadecerlo y aliviarlo, le digo: Dime, por qué estás tan triste, tan afligido y solo en este Huerto y en esta noche? Es la última noche de tu vida en la tierra, pocos momentos te quedan para comenzar tu Pasión...Yo pensaba encontrar al menos a la Celestial Mamá, a la amante Magdalena, a tus fieles Apóstoles, pero por el contrario, solo, solo te encuentro, abrumado por una tristeza que te da muerte despiadada, pero sin hacerte morir. Oh Bien mío y todo mío, no me respondes?, háblame. 

Pero parece que te falta la palabra, tan grande es la tristeza que te oprime...oh Jesús mío, esa mirada tuya, llena de luz, sí, pero afligida e inquieta, que parece que busca ayuda...ese tu rostro tan pálido, esos tus labios tan abrasados por el amor, esa tu Divina Persona que tiembla toda de pies a cabeza, ese tu corazón que te palpita tan fuerte y esos latidos tuyos que buscan almas y que te dan tal afán que parece que de un momento a otro vayas a expirar...me dicen que Tú estás solo y que quieres mi compañía... Y aquí me tienes, Jesús toda para ti y contigo! Pero mi corazón no resiste al verte tirado por tierra; entre mis brazos te tomo y te estrecho a mi corazón; quiero contar uno a uno tus afanes, una por una las ofensas que se te presentan ante tu mente, para darte por todo, alivio, por todo, reparación, y por todo darte mi compasión por lo menos. Pero oh Jesús mío, mientras te tengo entre mis brazos tus sufrimientos aumentan; siento correr en tus venas un fuego, siento que la sangre te hierve y te quiere romper las venas para salir fuera. 

Dime, Amor mío, qué tienes? No veo azotes ni espinas ni clavos ni Cruz, y sin embargo, apoyando mi cabeza sobre tu corazón siento que crueles espinas te traspasan la cabeza, qué flagelos tan despiadados son esos que no te dejan a salvo ninguna partícula, ni dentro ni fuera de tu Divina Persona y que hacen que tus manos están contraídas y desfiguradas más que si fuera por clavos? Dime, dulce Bien mío, quién es el que tanto poder tiene, hasta en tu interior, para atormentarte tanto y hacerte sufrir tantas muertes por cuantos tormentos te da? Y parece que Jesús bendito abriendo sus labios exánimes y moribundos me dice: Hija mía, quieres saber quién es el que me atormenta más que los mismos verdugos, es más, que ellos serán nada en comparación con él? Es el amor eterno!, que queriendo tener la supremacía en todo, me está haciendo sufrir todo junto y hasta en lo más íntimo, lo que los verdugos me harán sufrir poco a poco. 

Ah hija mía! Es el amor que prevalece por entero sobre Mí y en Mí. El amor es para Mí clavo, el amor es para Mí flagelo, el amor es para Mí corona de espinas, el amor es para Mí todo, el amor es para Mí mi Pasión perenne, mientras que la Pasión que los hombres me darán es temporal...ah hija mía, entra en mi corazón y vente a perder en mi Amor y sólo en mi Amor comprenderás cuánto he sufrido y cuánto te he amado, y aprenderás a amarme y a sufrir sólo por amor. 

Oh Jesús mío, ya que Tú me llamas adentro de tu Corazón para hacerme ver lo que el amor te hizo sufrir, yo entro en él, y al entrar encuentro los portentos del amor, que no te corona la cabeza con espinas materiales sino con espinas de fuego, que no te flagela con cuerdas sino con flagelos de fuego, que te crucifica no con clavos de hierro sino de fuego...todo él es fuego que te penetra en tus huesos hasta la médula, y que destilando en fuego a toda tu Santísima Humanidad te causa penas mortales, evidentemente más que en la misma Pasión, y prepara un baño de amor para todas las almas que hayan de querer lavarse de cualquier mancha y adquirir el derecho de ser hijas del amor. Oh amor sin fin yo me siento retroceder ante tal inmensidad de amor, y veo que para poder entrar en el amor y comprenderlo, debo ser toda Amor! 


Y, oh Jesús mío, no lo soy! Pero ya que Tú quieres mi compañía y quieres que entre en Ti, te suplico que me hagas convertirme toda en amor; te suplico que corones mi cabeza y cada uno de mis pensamientos con la corona del amor; te pido, oh Jesús, que con el flagelo del amor flageles mi alma, mi cuerpo, mis potencias, mis sentimientos, mis deseos, mis afectos, en suma, todo, y en todo quede flagelada y sellada por el amor. Haz, oh amor interminable, que no haya cosa alguna en mí que no tome vida del amor...oh Jesús, centro de todos los amores, te suplico que claves mis manos y mis pies con los clavos del amor para que enteramente clavada por el Amor, en Amor me convierta, el amor entienda, de amor me vista, de amor me alimente, y el amor me tenga toda clavada en Ti a fin de que ninguna cosa, ni dentro ni fuera de mí, se atreva a desviarme y alejarme del amor, oh Jesús.

✝✝✝

OFRECIMIENTO DESPUÉS DE CADA HORA:
Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente, que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: "Gracias" y "Te Bendigo". Sí, oh Jesús, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos... Gracias y Te bendigo por cada gota de sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un "Gracias" y un "Te Bendigo". Ah, Jesús, haz que todo mi ser te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de tus bendiciones y de tus gracias... Ah, Jesús, estréchame a tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un "Te Bendigo" tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti.

Dulce Amor mío, debiendo a tender a mis ocupaciones, me quedo en tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo. Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a tu Corazón, que tus ojos me miren y lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión contigo. Oh Jesús mío!, mantenme en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer...